El "semáforo nutricional" deja de lado los beneficios del aceite de oliva

La Unión Europea está valorando la introducción y aplicación de una clasificación de los alimentos en función de  cuán saludables son para el consumidor, basándose en el modelo que en su momento planteó Reino Unido. El problema surge al no considerar de forma correcta, en todos los casos, los beneficios que cada uno de los alimentos nos aportan.

El semáforo nutricional viene a clasificar los alimentos, de menos a más saludable, en función de su contenido en grasa, azúcar o sal.

En este sentido, por lo que nos toca como productores de aceite de oliva y conocedores de sus propiedades, supone un riesgo asociar nuestro producto con una etiqueta o color dentro de esta tipificación, que no le corresponde; a pesar de que sus múltiples beneficios están más que confirmados.

Doña Isabel García Tejerina, actual ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, ya ha manifestado su desacuerdo con este sistema, pues alega que puede generar una “distorsión”  de la realidad, y generar confusión en los consumidores. Nosotros le damos la razón, pues el aceite de oliva que tiene un importante contenido en grasas puede llegar a confundir al consumidor si se le asocia una etiqueta que no le corresponde, pues están más que probadas las ganancias que este alimento aporta al consumidor y a su salud.

Por tanto, la excesiva simplicidad de este tipo de categorización, podría afectar más que significativamente a ciertos alimentos, entre ellos el aceite de oliva, al asignarle un color que juzga únicamente sus componentes, sin llegar a considerar y valorar todas las propiedades de que disponen.  

Es verdad que el aceite de oliva tiene un alto contenido en grasa, pero en esta etiqueta no se reflejaría que su principal ácido graso es el oleico, un ácido graso mono insaturado que posee múltiples beneficios para la salud, con efectos favorables para la salud cardiovascular y hepática. Además, está comprobado que aumenta el colesterol bueno (DHL) y reduce el colesterol malo (LDL) en sangre, ejerciendo por tanto un beneficio indiscutible en el sistema vascular y el corazón.

Sólo nos queda esperar para ver hasta dónde puede llegar esta valoración “sesgada” de los alimentos por parte de la Unión Europea.